Giovanni Pace, de la Pasticceria Due Palme de Palermo, es un ejemplo claro de cómo la utilización de un moderno sistema de trabajo, como el Irinox, se puede combinar satisfactoriamente con la más antigua tradición siciliana.
Tras iniciarse en el establecimiento familiar, donde aprendió los
secretos del arte de los dulces sicilianos, viajó por Italia y Estados
Unidos y comprendió que, además de la bondad, hace falta organizarse
para producir de forma eficiente y flexible para mantenerse con el paso
del tiempo y hacer frente a la competencia.
“La utilización del sistema Irinox me ha permitido trabajar de forma
más organizada. Mi prioridad siempre ha sido la calidad. La calidad
cuesta, porque no es sólo lo que se vende, sino también lo que hay que
tirar...
El hecho de tener un sistema que garantice la prolongación de
la vida del producto en un estado óptimo, significa reducir, o incluso
acabar con los desechos, porque aumenta el tiempo útil para vender el
producto. Y esto en los meses más calurosos es una gran ventaja aquí en
Sicilia”.